|
No había sufrido un solo rasguño. Tampoco había visto ser alguno. Ni tan siquiera máquinas o robots. Todo aquello más parecía un sueño que una situación real. Apreciaba las miradas perdidas de mis compañeras de abstracción. A algunas las había visto cuando me absorvieron y depositaron en aquella bóveda insonora. Sin ver a ser alguno fui dirigida hasta una jaula, repleta de mujeres de pelos rubios, que si fueran terrestres.....las hubiese identificado con nórdicas. Pero lo extraño era que mis cabellos eran negros como la noche y contrastaba demasiado con los de aquellas jovencitas.